
Un Alan García eufórico insiste en defender la pena de muerte en un "espontáneo" mítin en el patio principal de Palacio de Gobierno. El líder aprista volvió a rechazar el fallo de la CIDH. (No es para menos: se viene el fallo sobre el comando Rodrigo Franco y está en pie una investigación sobre su participación intelectual en la matanza de los Penales)

El defensor de la pena de muerte se dirige -siempre eufórico- a los "familiares víctimas del terrorismo". A un costado, Luis Nava, su fiel secretario general, fue el encargado de llamar a las radios para "sensibilizarlos" y colocar voceros. Chirito ya fue. Lo secunda Javier Barreda, quien movilizó a los trabajadores de A Trabajar Urbano. Apropósito, ya son 50 mil los aprista que consiguieron trabajo.

"¡Yo sigo siendo el rey!". Alan insiste con su demagogia y pide referéndum para aplicar la pena de muerte, en contra de la opinión del Congreso, sus ministros y los peruanos civilizados. Un detallito. Fíjese quién está detrás de García, al costadito de chuqui, perdón, César Zumaeta. Sí, es Alvaro Gutiérrez, el tránsfuga financista de Humala y ahora plebeyo aprista.

Aquí el raleado pero bullicioso "mítin de la muerte". Pancartas elaboradas, según dicen, con el asesoramiento del ducho en inteligencia y coacusado de AGP, Luis Giampietri. "Pena de muerte para los violadores", "ni olvido ni perdón para los terroristas". Hay una pancarta naranjita, o sea, el mensaje es claro: Allí están los fujimoristas que apoyan a muerte a Alan Damián.
