
En política no hay que ser ingenuos. Está claro: Ollanta Humala se echó al gobierno aprista. Y de la peor forma. Es realmente una verguenza.
Casi nadie se percató por la mañana de esta traición a su electorado, porque la atención se centró en el escándalo que protagonizaron los de la UPP en el Congreso. Allí nos enteramos todos que la facción opositora de la UPP votaría en blanco para la elección de la nueva mesa directiva. Allí también nos enteramos por boca de los upepitas que seguirían los pasos de los nacionalistas que habían decidido votar en blanco, dejando así la cancha libre para que la lista aprista (integrada por fujimoristas y tránsfugas) consiga mañana una victoria política frente a la oposición que intentaba dar pelea con una lista multipartidaria.
Hasta ese momento, muchos nos preguntábamos qué había pasado. En todas estas últimas semanas los nacionalistas habían tenido una actitud protagónica e impulsaban activamente una lista multipartidaria de oposición. Incluso estaban dispuestos a respaldar la candidatura de Javier Bedoya, considerado por ellos como un derechista.
No lo entendíamos hasta que hace unos minutos acabamos de oir en CPN Radio una noticia que confirma nuestra afirmación de que Humala se echó al gobierno aprista o -para ser más precisos- transó con el gobierno aprista.
CPN Radio difundió en exclusiva la noticia de que el Ministerio Público decidió, oh sorpresa, retirar la denuncia contra Ollanta Humala por la asonada de Andahuaylas y la muerte de cuatro policías. Esa es la retribución que recibe Ollanta a cambio de la traición de su bancada.
Aquí no resiste ninguna justificación. Simplemente, al votar en blanco, los humalistas ya colocaron a Gonzáles Posada en la presidencia del Congreso, con trásfugas y fujimoristas incluidos. Así de claro.
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