lunes, agosto 06, 2007

Uyuyuuúy. Chicho Mohme tendría la foto que podría hundir a Ivcher

Hace ya un buen tiempo, en los medios periodísticos se sabía de la existencia de una fotografía que podría liquidar a Baruch Ivcher. Incluso Caretas publicó un detallado artículo sobre la famosa fotografía que tomó Jorge Toledo el 24 de junio del 2000 en la sección de migraciones del aeropuerto internacional de Varsovia, Polonia.

Bueno pues. Esa fotografía estaría en manos de Chicho Mohme. Ayer soltó esta primera foto que acompañó su extenso artículo que publicó para responder a las imputaciónes de Baruch Ivcher y la Chichi Valenzuela.



Para quienes no conocen esta historia, esta foto podría pasar desapercibida. Pero no. Tiene una enorme importancia porque hasta ahora solo habíamos visto copias en blanco y negro.

Explicamos: Ivcher fue retenido por cinco horas en el aeropuerto de Varsovia
en el 2000 por la policía polaca. Hay versiones que aseguran que allí mostró su pasaporte israelí (Azul) y no el peruano (guinda) y precisamente, la fotografía pobraría ese detalle. Esta es la copia en blanco y negro.



¿Qué importancia tiene eso? Mucha, como dice Caretas

Demostraría que Ivcher, a pesar de haber renunciado formalmente en 1984, bajo juramento y ante un notario público del Callao, a su nacionalidad de origen, la israelí, tal como lo exigía la Ley 26574 para obtener la naturalización peruana, en realidad mintió.

Se asegura que Ivcher siempre conservó la nacionalidad israelí y que, por lo tanto, esgrimió en determinado momento un pasaporte de Israel en el episodio de Varsovia.

Son varios los países que, como el Perú, exigen la renuncia a la nacionalidad de origen para otorgar la naturalización – situación que es diferente a la de quienes adquieren una segunda nacionalidad por ancestro, matrimonio u otras circunstancias.

Si se comprueba que Ivcher no renunció a su nacionalidad israelí, los argumentos que esgrimió Fujimori en el 97 para quitarle su nacionalidad peruana y Frecuencia Latina tendrían sustento y validez. ¿Grave verdad? ¿Si imagina qué pasaría? Ivcher perdería el canal, tendría que devolver los más de 20 millones de soles que cobró como indeminazación del Estado peruano.

Ahora bien. Quedó claro que al publicar esa foto en su artículo de ayer, Chicho Mohme quiso enviarle un mensaje al empresario de origen israelí. El asunto es; ¿cuándo disparará la bala de plata, si realmente la tiene?

+++++

10 comentarios:

SaiwaAwatiri dijo...

No se ven las fotos. El link no funciona ????

Anónimo dijo...

La chichi va decir que se trata de un montaje, obviamente.
Pero feo que chicho mohme, en caso tuviera la foto, no la publique... o acaso está tratando de extorsionar al vivazo de baruch??

no es por nada, pero como diría mí tío manito de cuy: manga de sinverguenzas!!... que se vayan ya¡¡¡

Anónimo dijo...

Oe, te fallo el contometro con Bakula, y ahora pones uno que no tiene falla, el de Alan, solo que en el ultimo caso no hay emocion ni suspenso. Estas dejando mal a los contometros, viejo. Hay que usarlos para algo que valga la pena...

Sobre Chichi, es imposible verla sin sentir arcadas...citando al filosofoco Carlos Cacho...Que aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaasco....

Arturo Belano dijo...

fuerte ah. Habrá que esperar el próximo capítulo de esta telellorona sin tetas (chichis) no hay (colchones) Paraíso.

Alejandro dijo...

En la mayoria de paises (el Peru incluido) la nacionalida de nacimiento se pierde solo por renuncia expresa ante la autoridad local.

Asi que por ejemplo si Pedro Pablo Kuczynski renunció a su nacionalida peruana en Estados Unidos para obtener la nacionalidad de dicho país, no perdió la nacionalidad peruana pues no hizo renuncia expresa de ella ante una autoridad peruana.

Lo mismo se puede decir de Mario Vargas Llosa quien no pierde su nacionalidad peruana por asumir la española.

En el caso de Ivcher quien es peruano por naturalización el caso es aun mas simple, pues para asumir la nacionalidad peruana el estado peruano ni siquiera exige la renuncia a la nacionalidad de origen. Asi que el usar un pasaporte israeli no justifica el retiro de la nacionalidad peruana.

Los requisitos para la naturalizacion los pueden encontrar aqui:

Direccion General de Migraciones

El Texto de la Ley de Migraciones aqui:

Ley de Nacionalidad

Anónimo dijo...

Cecilia "cinco puntos" Valenzuela y su rating. Sus balbuceos sobre La Republica dan sueño en la audiencia, pero ella ni enterada. Las cifras son del viernes pasado.
A DOGMIG!!!!!!!!!!!!


LA VENTANA INDISCRETA-NO PRENSA LIBRE-NO
5.9 7.2 7.3 4.5 11.2 10.5 8.9 12.9
LA VENTANA INDISCRETA-NO PRENSA LIBRE-NO
5.5 9.6 7.0 3.0 7.8 6.2 6.2 9.5
LA VENTANA INDISCRETA-NO CODIGO POSTAL-NO
5.7 7.6 6.4 4.5 6.2 3.1 4.3 8.5

Anónimo dijo...

¿Y la libertad de expresion?

Cannabicus Prime dijo...

maestro, aunque todos lo quisiéramos, tu contador está errado, ya que todavía falta un año más de los que tu pones en el contador para que alan garcía se vaya....

a menos que planees acabar con él antes...

visitanos: http://elblogdecayo.blogspot.com

jhon bazan dijo...

Cuadrilátero Político - Más noticias “off the record”

En la Oiga de Paco existía una parte de la revista que nunca se dejaba de leer. Era la sección de las noticias “off the record”, las noticias sin confirmar que la chismografía política limeña convertía en el mentidero público del momento para el hombre de a pie en plazas y cafés; escrito de forma sobria pero elegante, no exento de esa gracia y cundería tan típica en el periodismo peruano, esta buscada sección, llamada “Cuadrilátero Político” marcaba el sí o el no de los políticos y empresarios en el Perú. Se trataba de un espacio en el que se exhibía la vanidad pública de los egos encumbrados de entonces: aquí se reunía el top ten perulero y los aspirantes a formar parte de este exclusivo grupo.

En memoria de aquella recordada y comentada sección, hemos bautizado este séptimo capítulo donde el lector podrá compartir un sabroso diálogo protagonizado durante una amena tertulia de amigos en la casa de Paco Igartua, allá por el año 2003, donde se tocaron diversos puntos relacionados con Oiga, la mafia fujimontesinista y el devenir de la prensa peruana durante los últimos años.

Un día, Paco nos habló sobre la extraña llamada telefónica de un amigo empresario español, donde le habían propuesto ser director del diario de La Prensa. Me llamó un amigo español y me dijo que necesitaba un director para el diario, yo les agradecí la llamada, pero les dije que siempre había sido revistero, pero insistió cortésmente, al final le dije que muchísimas gracias, pero que no.

El doctor Moncloa había pensado, como muchas personas, que la marca de La Prensa estaba aún en poder de los herederos de don Pedro Beltrán Espantoso, y recordó cómo le había hecho mucha gracia leer el libro de Jaime Bayly: “Los Últimos días de La Prensa”. Para el doctor Moncloa, el Perú tenía tres celebres costumbristas: Ricardo Palma Soriano, Luís Felipe Angell de Lama “Sofocleto”, y el tercero era el periodista y escritor Jaime Bayly Letts. Luego continúo: En realidad, con todas las cosas que sucedieron dentro de ese diario, cualquier cosa podía pasar.

El doctor Buzaglo nos recordó que mi grupo de trabajo había realizado un trabajo de investigación sobre los orígenes del diario La Prensa, ya que Calmell del Solar, a través de su gerente general Juan Galarza Arana, había querido inscribir la marca La Prensa en el registro de Marcas y Signos Distintivos del Indecopi, por lo tanto me hizo la siguiente pregunta: Jhon ¿usted algo?, ¿Calmell no estaba detrás de este asunto?.

Los presentes me miraron atentamente mientras esperaban mi respuesta. “Sé que la historia de la marca está llena de sinsabores. Luego del cierre del diario, la marca y el logo de La Prensa pasó a manos de la Comisión Liquidadora de la empresa que editaba el diario, y luego, según una noticia “off the record”, la pusieron a favor de Alan García Pérez, que la puso a nombre de su amigo José Mainza Segovia. Este José Mainza terminó posteriormente en la canasta –en prisión– por ser el responsable de una gran estafa tipo CLAE que hizo remecer a media Lima. Luego, José Mainza se desentendió de su ex amigo caído en desgracia (Alan García, quien al final de su primer gobierno tuvo que vérselas con el vendaval de acusaciones constitucionales) y vendió la marca a favor de la señora Berta del Carmen Lujan de Tuesta, su ex – cuñada (familiar politico) que luego se la transfirió a Gustavo Mohme Seminario...”

El doctor Moncloa exclamó: ¡qué triste colofón para la larga historia de este gran diario, de ser un medio civilista manejado por Pedro Beltrán, cayó luego en manos de sus peores enemigos políticos; si viviese don Pedrito Beltrán se moriría nuevamente de ira!

Paco trajo a colación un caso similar que había ocurrido con el semanario político Jornada: El mismo triste final lo tuvo el semanario político Jornada, que apoyó al Frente Democrático –que en 1945 apoyó la candidatura del Doctor José Luís Bustamante y Rivero– y posteriormente a la Liga Democrática que en 1950 apoyó la candidatura del ex–General Ernesto Montagne, y que al final se convirtió en un medio de apoyo a Odria. Sus palabras me hicieron recordar las siguientes líneas de su libro autobiográfico “Siempre un extraño”: Nadie sospechó –era imposible pensarlo siquiera– que a esa misma hora, periodistas connotados como Alfonso Tealdo, Ricardo Alcalde y alguien más que se escondió en las sombras, estuvieran editando una Jornada apócrifa, de apoyo a Odria. Jornada de la desvergüenza que fue la que apareció al día siguiente, cuando estaban en prisión –menos Francisco y Hoyos– los periodistas que ese atardecer preparaban la última edición de Jornada, esa edición que nunca nadie leería jamás. Francisco tuvo la satisfacción de ver, a la mañana siguiente desde lo alto, desde la oficina de Porras donde estaba escondido, la calle alfombrada de blanco, como si hubiera nevado. Eran los pedazos de Jornada apócrifa que el público rompía y arrojaba al suelo después de comprar el diario y descubrir el grotesco y cobarde engaño de la dictadura. Porras le llevo, como si fuera un trofeo, uno de esos ejemplares, destrozados por la rabia ciudadana. Odría no era una novedad en el Perú. Cuando, en octubre del 48, se produjo el cuartelazo que lo llevó al Palacio de Pizarro, sede del gobierno, un poeta, notable no sólo por su talento literario sino por su agudeza mental y profundo conocimiento de la sicología de su ciudad, Martín Adán, comentó sarcástico, con limeñísima sorna: “Hemos vuelto a la normalidad”. La novedad había sido, más bien, el defenestrado Bustamante y Rivero y su afán de establecer en el país hábitos democráticos y respeto al imperio de la ley, como suprema y obligatoria norma de conducta para todos los peruanos desde los de inga y mandinga hasta los blanquiñosos, “la gente decente”, como se decía en muchas casas limeñas. Lo normal en el Perú era otra cosa. Algo así como una dictadura permanente de varios estilos, con breves intervalos de descanso, como en el teatro. Uno de esos descansos había sido los tres años de gobierno de Bustamante (1945-1948) (52)

El doctor Buzaglo me preguntó si Gustavo Mohme Seminario era el actual dueño, ya que entendía que el verdadero propietario era Carlos Boloña Behr. No sé en donde he leído que Carlos Boloña es el actual dueño… ¿estoy en lo cierto? todos esperaron mi respuesta: “Doctor –le dije—, de acuerdo a los registros del Indecopi, luego de la compra de la marca por Gustavo Adolfo Mohme Seminario, éste transfirió el 50 por ciento del derecho de la marca de La Prensa a favor de Carlos Boloña Behr”.

¿Carlos Boloña Behr?, preguntó el doctor Moncloa, ¿ó sea son socios? –Luego continuó–, ¿se acuerda Jhon que siempre le he aconsejado a que evite formar sociedades, que siempre es mejor ser propietario único de tu propio proyecto. ¿Qué pasó después Jhon?

“Doctor Moncloa, de acuerdo a una noticia “off the record”, Boloña quiso comprar toda la marca con el archivo fotográfico, pero Gustavo Mohme Seminario le dijo que la cifra ofrecida era completamente ridícula y que si quería la marca éste debía pagar una extraordinaria suma de dinero; Carlos Boloña Behr insistió –seguro pensando en que el fantasma de don Pedro Beltrán Espantoso debía de estar vagando por el antiguo local del jirón José Baquijano y Carrillo Nº 745 –hoy Jirón de la Unión–, esperando que le devuelvan su diario—, y le hizo una nueva contra propuesta. Esta vez Mohme Seminario la acepto pero solo le vendió el 50 por ciento. Boloña Behr aceptó este cambio de venta en último momento y así terminaron siendo socios y copropietarios de la marca La Prensa.”

Todos sonrieron –indudablemente pensando en el rostro de sorpresa de Boloña Behr cuando recibió la propuesta de Mohme Seminario—, “luego sucedió lo siguiente: el nuevo socio empezó a contratar periodistas y asesores para relanzar el periódico. Indudablemente el relanzamiento del diario le iba a demandar un gran periodo de trabajo. El minero Andrés Marsano Porras, propietario del desaparecido diario “El Sol”, había gastado cinco millones de dólares en su pre-lanzamiento –la preparación del proyecto duro seis meses en los cuales no se dejo de pagar puntualmente a toda la planilla administrativa y plana periodística del naciente diario—.”

El doctor Buzaglo me interrumpió: ya me acordé en donde me enteré que Boloña era el nuevo propietario, fue en casa de mi primo Fernando Belaunde, donde él me dijo que lo había llamado personalmente para que escribiese en una sección de La Prensa, pero él se había excusado cortésmente. ¿Se imaginan a Fernando Belaunde escribiendo en el diario de Baquijano y Carrillo?, luego trataron de hacerlo con su hermano Paco Belaunde y finalmente con mi primo hermano Guillermo Rey Terry pero siempre recibió la misma cortes respuesta… muchísima gracias por su invitación, pero ¡no, gracias!

Todos sonrieron, indudablemente el estigma de haber sido Primer Ministro de Fujimori le significaba el ostracismo dentro del circulo intelectual de Lima. Este posiblemente lo seguiría hasta el fin de sus últimos días.

El doctor Moncloa me volvió a preguntar: ¿y qué paso?, ¿Por qué no sacaron el diario?, ¿se pelearon? “Indudablemente algo había pasado –ya que el diario jamás volvió a ver la luz–, pero lo que pasó fue de Ripley. Una vez que ya estaba todo preparado para la salida del diario, Boloña Behr se presentó en las oficinas del diario La República para solicitarle a Mohme Seminario la autorización para empezar la campaña publicitaria previa al inicio del lanzamiento del diario. La respuesta de Mohme Seminario fue la siguiente: Carlos, ¿quién te ha dicho que yo estoy interesado en relanzar La Prensa? –indudablemente los asuntos sucesorios de la familia Mohme ya no eran un problema para Gustavo Mohme Seminario–, respuesta que se mantuvo como un “no” hasta el día que ambos perdieron el derecho de uso de la marca.”

Paco me miró extrañado, ¿cómo que perdieron la marca?, ¿qué paso?, ¿la vendieron?, indudablemente Mohme y Boloña jamás se iban a entender.

“Don Paco –le respondí—, la marca de La Prensa fue cancelada por la Oficina de Registro de Signos de Marcas del Indecopi por falta de uso, ya que un tercero lo había solicitado así. Luego este ejerció su derecho de preferencia y registró la marca a su nombre.” ¿Cómo se llama el nuevo o nuevos propietarios de la marca La Prensa?, me pregunto Paco, mientras nos preparábamos a tomar un café servido por una de sus empleadas y el jardinero se aprestaba a prender la chimenea.

“El nuevo dueño es un abogado –contesté– que se llama Jorge Enrique León Porta de Rivera”. Hubo una brevísima pausa, luego continué: “Calmell del Solar trató de apoderarse de la marca en una forma muy extraña… Pese a que La Prensa ya tenía un nuevo dueño, el abogado Juan Galarza Arana en representación de la empresa Publicidad Nacional S.A, solicitó que la Oficina de Signos Distintivos del Indecopi registrase la marca La Prensa como nueva. Pero esta vez la Oficina de signos Distintivos del Indecopi resolvió rechazar la solicitud de registro, ya que la marca estaba registrada a nombre de otra persona”.

Mientras todos bebíamos nuestro café, recordé como el doctor Moncloa se había mantenido firme en sus nobles ideales durante toda su vida, mientras otras personas de su entorno se aliaban al japonés. Al doctor no le agradaba recomendar a nadie –siempre me dijo que durante el gobierno del doctor José Luís Bustamante Rivero, los apristas se habían aprovechado de las recomendaciones y “tarjetazos” para llenar los ministerios con personas de su partido—. Además sólo una vez durante el gobierno de Bustamante había trabajado para el Estado, posteriormente toda su carrera profesional había sido en el sector privado; cuando le pregunté el por qué de esa decisión, me respondió lo siguiente: Durante los meses que estuve en el sector público –Cancillería– vi como poco a poco los apristas iban copando el ministerio. Y no sólo eso, vi también cómo destruían la carrera de tantos valiosos profesionales de carrera que fueron despedidos por los amigos de lo ajeno. Tenía una gran amistad con Paco desde hacia mucho tiempo; su tío Francisco Moncloa Ordóñez, uno de los mejores amigos de Paco, había pertenecido al grupo denominado “Los Pacos” –que estuvo integrado por Paco Igartua, Paco Belaunde, Paco Miro Quesada, Paco Bendezu y Paco Moncloa–.

Luego continuamos con la conversación, mientras ardía la leña de la chimenea, y la noche llegaba junto con la oscuridad. “Don Paco, otra noticia “off the record” es que Gustavo Mohme Seminario utilizó a Nicanor González Urrutia para que le hiciera el contacto con los mandamases del Grupo Televisa de México. González Urrutia como todos sabemos era un hombre clave para el entorno del Grupo Televisa. Para ser presentado, Mohme Seminario le ofreció una sociedad a González Urrutia. Pero ya en el edificio del Grupo de Televisa –en México– antes de entrar a la reunión con los mandamases de Televisa, Gustavo Mohme Seminario le indicó a Nicanor González que le espere en la sala de espera, ya que tenía que decirle algo en privado a los altos funcionarios de Televisa –pasaron las horas y no lo hicieron entrar a la reunión. Una vez celebrada esta, un sorprendido González Urrutia fue informado por el mismo Gustavo Mohme Seminario que estaba fuera del negocio– la frase fue así: ¿y a ti quién te ha dicho Nico que nosotros vamos a ser socios?”

Se escucharon carcajadas y risas, luego continué… “Gustavo Mohme Seminario también cometió algunos errores” –el doctor Buzaglo me hizo recordar que yo le había comentado a Paco y a él sobre la historia del apoyo publicitario de La República a favor de la revista Oiga en la época de Eduardo Calmell del Solar. “…Todo había ocurrido de la siguiente manera: un día se hizo presente en el local del diario La República Oscar Dufour Cataneo, a fin de tener una reunión con Gustavo Mohme Llona –director en aquel entonces de este diario– donde le informó que estaba por sacar nuevamente a la luz a la revista Oiga que había sido adquirida por su fallecido padre. Utilizando la relación de amistad de su fallecido padre –Oscar Dufour Martínez– con Gustavo Mohme Llona, logró con esta jugada que lo pasaran –recomendando– a Gustavo Mohme Seminario –el cual supervisaba personalmente todos los canjes publicitarios—, quién finalmente dió su ultimo visto bueno –pese a la protesta de un amigo del Comité de La República que le hizo notar a Mohme Seminario que Oscar Dufour Jr. estaba muy relacionado con Eduardo Calmell del Solar Díaz, el tristemente célebre Chapulín–, pero su voz se había alzado sentenciando lo siguiente: es mi decisión y punto.”

Paco me interrumpió para aclarar el tema: Indudablemente cuando me enteré que La República anunciaba el regreso de Oiga me quedé helado. Durante años, el diario La República se había opuesto a que los trabajadores de ItalPerú devuelvan el local de la imprenta expropiada a Oiga. Cada vez que Oiga a través de sus abogados conseguía una resolución a su favor, La República sacaba una Editorial en contra nuestra. Inclusive nos decían que si se devolvía la imprenta a sus anteriores dueños –ósea a nosotros–, iban a correr baños de sangre como en Cromotex –Paco en su libro “Huellas de un Destierro” habla de este acoso contra la devolución del local de ItalPerú de la siguiente manera: “Años más tarde –porque éste es proceso judicial que va durando décadas– cada vez que se vislumbraba un fallo, los jueces eran asustados con un editorial de La República, a toda pagina – editorial, o sea la voz oficial del periódico– amenazando con que ItalPerú se convertiría en un nuevo Cromotex si los tribunales intentaban desalojar a los trabajadores… (53)

Pero la enemistad entre Mohme Seminario y Calmell del Solar Díaz se agrandó a raíz de una burla innecesaria de este último contra el padre del primero. Fue cuando apareció el primer número de la Oiga apócrifa (5 de mayo del 2000), con Calmell como propietario y Uri Ben Schmuel como director. En aquella edición se publicó una nota periodística titulada “El dinosaurio y la lagartija” (54), que decía lo siguiente: Dios ciega a quienes quiere perder. Se ponen en evidencia ante los peruanos en todos los puestos de periódicos a 24 días de las elecciones. Un diario atribuye la preferencia del público al candidato Alejandro Toledo (45% contra 42% para su rival Alberto Fujimori); otro el mismo día casi exactamente las mismas cifras pero con tendencia contraria 45% para Fujimori y 43% para Toledo. Los periódicos aludidos, Liberación y El Comercio, –aunque compararlos es tan temerario como comparar a un dinosaurio con un camaleón– ambos son de reconocida tendencia no propiamente toledista sino antifujimorista. La República, el único diario del mundo que tiene a un difunto en la dirección, va más lejos: 51.4% para Toledo y 48.6% para Fujimori (55). Cualquiera de los aspirantes que hubiera pasado a segunda vuelta con Fujimori habría sido apoyado por esos diarios. Es que en el Perú se ha perdido la ecuanimidad: con el Chino o contra el Chino. Esos diarios publican la información sin decir que ninguna encuesta refleja con exactitud el nivel de opinión o la tendencia, y que todas tienen márgenes de errores de hasta 5 % para arriba o para abajo no es propio de medios imparciales. Es que vive el Perú como a fines del Siglo XIX en épocas de revueltas civiles y matanzas entre caceristas y pierolistas, y el primero los chilenos que Piérola, que se repite ahora con un primero cualquiera que Fujimori. (J.C.)

Terminamos la reunión recordando una frase célebre: Nadie sabe para quién trabaja. JHON BAZAN, Oiga!, Don Paco!, Cuadrilátero Político.

jejejejeje!!!!!

JHON BAZAN AGUILAR dijo...

Cuadrilátero Político - Más noticias “off the record”

En la Oiga de Paco existía una parte de la revista que nunca se dejaba de leer. Era la sección de las noticias “off the record”, las noticias sin confirmar que la chismografía política limeña convertía en el mentidero público del momento para el hombre de a pie en plazas y cafés; escrito de forma sobria pero elegante, no exento de esa gracia y cundería tan típica en el periodismo peruano, esta buscada sección, llamada “Cuadrilátero Político” marcaba el sí o el no de los políticos y empresarios en el Perú. Se trataba de un espacio en el que se exhibía la vanidad pública de los egos encumbrados de entonces: aquí se reunía el top ten perulero y los aspirantes a formar parte de este exclusivo grupo.

En memoria de aquella recordada y comentada sección, hemos bautizado este séptimo capítulo donde el lector podrá compartir un sabroso diálogo protagonizado durante una amena tertulia de amigos en la casa de Paco Igartua, allá por el año 2003, donde se tocaron diversos puntos relacionados con Oiga, la mafia fujimontesinista y el devenir de la prensa peruana durante los últimos años.

Un día, Paco nos habló sobre la extraña llamada telefónica de un amigo empresario español, donde le habían propuesto ser director del diario de La Prensa. Me llamó un amigo español y me dijo que necesitaba un director para el diario, yo les agradecí la llamada, pero les dije que siempre había sido revistero, pero insistió cortésmente, al final le dije que muchísimas gracias, pero que no.

El doctor Moncloa había pensado, como muchas personas, que la marca de La Prensa estaba aún en poder de los herederos de don Pedro Beltrán Espantoso, y recordó cómo le había hecho mucha gracia leer el libro de Jaime Bayly: “Los Últimos días de La Prensa”. Para el doctor Moncloa, el Perú tenía tres celebres costumbristas: Ricardo Palma Soriano, Luís Felipe Angell de Lama “Sofocleto”, y el tercero era el periodista y escritor Jaime Bayly Letts. Luego continúo: En realidad, con todas las cosas que sucedieron dentro de ese diario, cualquier cosa podía pasar.

El doctor Buzaglo nos recordó que mi grupo de trabajo había realizado un trabajo de investigación sobre los orígenes del diario La Prensa, ya que Calmell del Solar, a través de su gerente general Juan Galarza Arana, había querido inscribir la marca La Prensa en el registro de Marcas y Signos Distintivos del Indecopi, por lo tanto me hizo la siguiente pregunta: Jhon ¿usted algo?, ¿Calmell no estaba detrás de este asunto?.

Los presentes me miraron atentamente mientras esperaban mi respuesta. “Sé que la historia de la marca está llena de sinsabores. Luego del cierre del diario, la marca y el logo de La Prensa pasó a manos de la Comisión Liquidadora de la empresa que editaba el diario, y luego, según una noticia “off the record”, la pusieron a favor de Alan García Pérez, que la puso a nombre de su amigo José Mainza Segovia. Este José Mainza terminó posteriormente en la canasta –en prisión– por ser el responsable de una gran estafa tipo CLAE que hizo remecer a media Lima. Luego, José Mainza se desentendió de su ex amigo caído en desgracia (Alan García, quien al final de su primer gobierno tuvo que vérselas con el vendaval de acusaciones constitucionales) y vendió la marca a favor de la señora Berta del Carmen Lujan de Tuesta, su ex – cuñada (familiar politico) que luego se la transfirió a Gustavo Mohme Seminario...”

El doctor Moncloa exclamó: ¡qué triste colofón para la larga historia de este gran diario, de ser un medio civilista manejado por Pedro Beltrán, cayó luego en manos de sus peores enemigos políticos; si viviese don Pedrito Beltrán se moriría nuevamente de ira!

Paco trajo a colación un caso similar que había ocurrido con el semanario político Jornada: El mismo triste final lo tuvo el semanario político Jornada, que apoyó al Frente Democrático –que en 1945 apoyó la candidatura del Doctor José Luís Bustamante y Rivero– y posteriormente a la Liga Democrática que en 1950 apoyó la candidatura del ex–General Ernesto Montagne, y que al final se convirtió en un medio de apoyo a Odria. Sus palabras me hicieron recordar las siguientes líneas de su libro autobiográfico “Siempre un extraño”: Nadie sospechó –era imposible pensarlo siquiera– que a esa misma hora, periodistas connotados como Alfonso Tealdo, Ricardo Alcalde y alguien más que se escondió en las sombras, estuvieran editando una Jornada apócrifa, de apoyo a Odria. Jornada de la desvergüenza que fue la que apareció al día siguiente, cuando estaban en prisión –menos Francisco y Hoyos– los periodistas que ese atardecer preparaban la última edición de Jornada, esa edición que nunca nadie leería jamás. Francisco tuvo la satisfacción de ver, a la mañana siguiente desde lo alto, desde la oficina de Porras donde estaba escondido, la calle alfombrada de blanco, como si hubiera nevado. Eran los pedazos de Jornada apócrifa que el público rompía y arrojaba al suelo después de comprar el diario y descubrir el grotesco y cobarde engaño de la dictadura. Porras le llevo, como si fuera un trofeo, uno de esos ejemplares, destrozados por la rabia ciudadana. Odría no era una novedad en el Perú. Cuando, en octubre del 48, se produjo el cuartelazo que lo llevó al Palacio de Pizarro, sede del gobierno, un poeta, notable no sólo por su talento literario sino por su agudeza mental y profundo conocimiento de la sicología de su ciudad, Martín Adán, comentó sarcástico, con limeñísima sorna: “Hemos vuelto a la normalidad”. La novedad había sido, más bien, el defenestrado Bustamante y Rivero y su afán de establecer en el país hábitos democráticos y respeto al imperio de la ley, como suprema y obligatoria norma de conducta para todos los peruanos desde los de inga y mandinga hasta los blanquiñosos, “la gente decente”, como se decía en muchas casas limeñas. Lo normal en el Perú era otra cosa. Algo así como una dictadura permanente de varios estilos, con breves intervalos de descanso, como en el teatro. Uno de esos descansos había sido los tres años de gobierno de Bustamante (1945-1948) (52)

El doctor Buzaglo me preguntó si Gustavo Mohme Seminario era el actual dueño, ya que entendía que el verdadero propietario era Carlos Boloña Behr. No sé en donde he leído que Carlos Boloña es el actual dueño… ¿estoy en lo cierto? todos esperaron mi respuesta: “Doctor –le dije—, de acuerdo a los registros del Indecopi, luego de la compra de la marca por Gustavo Adolfo Mohme Seminario, éste transfirió el 50 por ciento del derecho de la marca de La Prensa a favor de Carlos Boloña Behr”.

¿Carlos Boloña Behr?, preguntó el doctor Moncloa, ¿ó sea son socios? –Luego continuó–, ¿se acuerda Jhon que siempre le he aconsejado a que evite formar sociedades, que siempre es mejor ser propietario único de tu propio proyecto. ¿Qué pasó después Jhon?

“Doctor Moncloa, de acuerdo a una noticia “off the record”, Boloña quiso comprar toda la marca con el archivo fotográfico, pero Gustavo Mohme Seminario le dijo que la cifra ofrecida era completamente ridícula y que si quería la marca éste debía pagar una extraordinaria suma de dinero; Carlos Boloña Behr insistió –seguro pensando en que el fantasma de don Pedro Beltrán Espantoso debía de estar vagando por el antiguo local del jirón José Baquijano y Carrillo Nº 745 –hoy Jirón de la Unión–, esperando que le devuelvan su diario—, y le hizo una nueva contra propuesta. Esta vez Mohme Seminario la acepto pero solo le vendió el 50 por ciento. Boloña Behr aceptó este cambio de venta en último momento y así terminaron siendo socios y copropietarios de la marca La Prensa.”

Todos sonrieron –indudablemente pensando en el rostro de sorpresa de Boloña Behr cuando recibió la propuesta de Mohme Seminario—, “luego sucedió lo siguiente: el nuevo socio empezó a contratar periodistas y asesores para relanzar el periódico. Indudablemente el relanzamiento del diario le iba a demandar un gran periodo de trabajo. El minero Andrés Marsano Porras, propietario del desaparecido diario “El Sol”, había gastado cinco millones de dólares en su pre-lanzamiento –la preparación del proyecto duro seis meses en los cuales no se dejo de pagar puntualmente a toda la planilla administrativa y plana periodística del naciente diario—.”

El doctor Buzaglo me interrumpió: ya me acordé en donde me enteré que Boloña era el nuevo propietario, fue en casa de mi primo Fernando Belaunde, donde él me dijo que lo había llamado personalmente para que escribiese en una sección de La Prensa, pero él se había excusado cortésmente. ¿Se imaginan a Fernando Belaunde escribiendo en el diario de Baquijano y Carrillo?, luego trataron de hacerlo con su hermano Paco Belaunde y finalmente con mi primo hermano Guillermo Rey Terry pero siempre recibió la misma cortes respuesta… muchísima gracias por su invitación, pero ¡no, gracias!

Todos sonrieron, indudablemente el estigma de haber sido Primer Ministro de Fujimori le significaba el ostracismo dentro del circulo intelectual de Lima. Este posiblemente lo seguiría hasta el fin de sus últimos días.

El doctor Moncloa me volvió a preguntar: ¿y qué paso?, ¿Por qué no sacaron el diario?, ¿se pelearon? “Indudablemente algo había pasado –ya que el diario jamás volvió a ver la luz–, pero lo que pasó fue de Ripley. Una vez que ya estaba todo preparado para la salida del diario, Boloña Behr se presentó en las oficinas del diario La República para solicitarle a Mohme Seminario la autorización para empezar la campaña publicitaria previa al inicio del lanzamiento del diario. La respuesta de Mohme Seminario fue la siguiente: Carlos, ¿quién te ha dicho que yo estoy interesado en relanzar La Prensa? –indudablemente los asuntos sucesorios de la familia Mohme ya no eran un problema para Gustavo Mohme Seminario–, respuesta que se mantuvo como un “no” hasta el día que ambos perdieron el derecho de uso de la marca.”

Paco me miró extrañado, ¿cómo que perdieron la marca?, ¿qué paso?, ¿la vendieron?, indudablemente Mohme y Boloña jamás se iban a entender.

“Don Paco –le respondí—, la marca de La Prensa fue cancelada por la Oficina de Registro de Signos de Marcas del Indecopi por falta de uso, ya que un tercero lo había solicitado así. Luego este ejerció su derecho de preferencia y registró la marca a su nombre.” ¿Cómo se llama el nuevo o nuevos propietarios de la marca La Prensa?, me pregunto Paco, mientras nos preparábamos a tomar un café servido por una de sus empleadas y el jardinero se aprestaba a prender la chimenea.

“El nuevo dueño es un abogado –contesté– que se llama Jorge Enrique León Porta de Rivera”. Hubo una brevísima pausa, luego continué: “Calmell del Solar trató de apoderarse de la marca en una forma muy extraña… Pese a que La Prensa ya tenía un nuevo dueño, el abogado Juan Galarza Arana en representación de la empresa Publicidad Nacional S.A, solicitó que la Oficina de Signos Distintivos del Indecopi registrase la marca La Prensa como nueva. Pero esta vez la Oficina de signos Distintivos del Indecopi resolvió rechazar la solicitud de registro, ya que la marca estaba registrada a nombre de otra persona”.

Mientras todos bebíamos nuestro café, recordé como el doctor Moncloa se había mantenido firme en sus nobles ideales durante toda su vida, mientras otras personas de su entorno se aliaban al japonés. Al doctor no le agradaba recomendar a nadie –siempre me dijo que durante el gobierno del doctor José Luís Bustamante Rivero, los apristas se habían aprovechado de las recomendaciones y “tarjetazos” para llenar los ministerios con personas de su partido—. Además sólo una vez durante el gobierno de Bustamante había trabajado para el Estado, posteriormente toda su carrera profesional había sido en el sector privado; cuando le pregunté el por qué de esa decisión, me respondió lo siguiente: Durante los meses que estuve en el sector público –Cancillería– vi como poco a poco los apristas iban copando el ministerio. Y no sólo eso, vi también cómo destruían la carrera de tantos valiosos profesionales de carrera que fueron despedidos por los amigos de lo ajeno. Tenía una gran amistad con Paco desde hacia mucho tiempo; su tío Francisco Moncloa Ordóñez, uno de los mejores amigos de Paco, había pertenecido al grupo denominado “Los Pacos” –que estuvo integrado por Paco Igartua, Paco Belaunde, Paco Miro Quesada, Paco Bendezu y Paco Moncloa–.

Luego continuamos con la conversación, mientras ardía la leña de la chimenea, y la noche llegaba junto con la oscuridad. “Don Paco, otra noticia “off the record” es que Gustavo Mohme Seminario utilizó a Nicanor González Urrutia para que le hiciera el contacto con los mandamases del Grupo Televisa de México. González Urrutia como todos sabemos era un hombre clave para el entorno del Grupo Televisa. Para ser presentado, Mohme Seminario le ofreció una sociedad a González Urrutia. Pero ya en el edificio del Grupo de Televisa –en México– antes de entrar a la reunión con los mandamases de Televisa, Gustavo Mohme Seminario le indicó a Nicanor González que le espere en la sala de espera, ya que tenía que decirle algo en privado a los altos funcionarios de Televisa –pasaron las horas y no lo hicieron entrar a la reunión. Una vez celebrada esta, un sorprendido González Urrutia fue informado por el mismo Gustavo Mohme Seminario que estaba fuera del negocio– la frase fue así: ¿y a ti quién te ha dicho Nico que nosotros vamos a ser socios?”

Se escucharon carcajadas y risas, luego continué… “Gustavo Mohme Seminario también cometió algunos errores” –el doctor Buzaglo me hizo recordar que yo le había comentado a Paco y a él sobre la historia del apoyo publicitario de La República a favor de la revista Oiga en la época de Eduardo Calmell del Solar. “…Todo había ocurrido de la siguiente manera: un día se hizo presente en el local del diario La República Oscar Dufour Cataneo, a fin de tener una reunión con Gustavo Mohme Llona –director en aquel entonces de este diario– donde le informó que estaba por sacar nuevamente a la luz a la revista Oiga que había sido adquirida por su fallecido padre. Utilizando la relación de amistad de su fallecido padre –Oscar Dufour Martínez– con Gustavo Mohme Llona, logró con esta jugada que lo pasaran –recomendando– a Gustavo Mohme Seminario –el cual supervisaba personalmente todos los canjes publicitarios—, quién finalmente dió su ultimo visto bueno –pese a la protesta de un amigo del Comité de La República que le hizo notar a Mohme Seminario que Oscar Dufour Jr. estaba muy relacionado con Eduardo Calmell del Solar Díaz, el tristemente célebre Chapulín–, pero su voz se había alzado sentenciando lo siguiente: es mi decisión y punto.”

Paco me interrumpió para aclarar el tema: Indudablemente cuando me enteré que La República anunciaba el regreso de Oiga me quedé helado. Durante años, el diario La República se había opuesto a que los trabajadores de ItalPerú devuelvan el local de la imprenta expropiada a Oiga. Cada vez que Oiga a través de sus abogados conseguía una resolución a su favor, La República sacaba una Editorial en contra nuestra. Inclusive nos decían que si se devolvía la imprenta a sus anteriores dueños –ósea a nosotros–, iban a correr baños de sangre como en Cromotex –Paco en su libro “Huellas de un Destierro” habla de este acoso contra la devolución del local de ItalPerú de la siguiente manera: “Años más tarde –porque éste es proceso judicial que va durando décadas– cada vez que se vislumbraba un fallo, los jueces eran asustados con un editorial de La República, a toda pagina – editorial, o sea la voz oficial del periódico– amenazando con que ItalPerú se convertiría en un nuevo Cromotex si los tribunales intentaban desalojar a los trabajadores… (53)

Pero la enemistad entre Mohme Seminario y Calmell del Solar Díaz se agrandó a raíz de una burla innecesaria de este último contra el padre del primero. Fue cuando apareció el primer número de la Oiga apócrifa (5 de mayo del 2000), con Calmell como propietario y Uri Ben Schmuel como director. En aquella edición se publicó una nota periodística titulada “El dinosaurio y la lagartija” (54), que decía lo siguiente: Dios ciega a quienes quiere perder. Se ponen en evidencia ante los peruanos en todos los puestos de periódicos a 24 días de las elecciones. Un diario atribuye la preferencia del público al candidato Alejandro Toledo (45% contra 42% para su rival Alberto Fujimori); otro el mismo día casi exactamente las mismas cifras pero con tendencia contraria 45% para Fujimori y 43% para Toledo. Los periódicos aludidos, Liberación y El Comercio, –aunque compararlos es tan temerario como comparar a un dinosaurio con un camaleón– ambos son de reconocida tendencia no propiamente toledista sino antifujimorista. La República, el único diario del mundo que tiene a un difunto en la dirección, va más lejos: 51.4% para Toledo y 48.6% para Fujimori (55). Cualquiera de los aspirantes que hubiera pasado a segunda vuelta con Fujimori habría sido apoyado por esos diarios. Es que en el Perú se ha perdido la ecuanimidad: con el Chino o contra el Chino. Esos diarios publican la información sin decir que ninguna encuesta refleja con exactitud el nivel de opinión o la tendencia, y que todas tienen márgenes de errores de hasta 5 % para arriba o para abajo no es propio de medios imparciales. Es que vive el Perú como a fines del Siglo XIX en épocas de revueltas civiles y matanzas entre caceristas y pierolistas, y el primero los chilenos que Piérola, que se repite ahora con un primero cualquiera que Fujimori. (J.C.)

Terminamos la reunión recordando una frase célebre: Nadie sabe para quién trabaja. JHON BAZAN, Oiga!, Don Paco!, Cuadrilátero Político.

jejejejeje!!!!!